De cerca, nadie es normal

Los modelos de IA generativa como guardianes del conocimiento: ¿qué y a quién podemos creer?

Posted: September 7th, 2026 | Author: | Filed under: Artificial Intelligence, Cognitive Warfare, Disinformation, Geopolitics, Large Language Models | Tags: , , , , , | Comments Off on Los modelos de IA generativa como guardianes del conocimiento: ¿qué y a quién podemos creer?

Antes, los buscadores nos señalaban las fuentes y éramos nosotros quienes las juzgábamos. Los modelos de IA generativa no señalan: responden, con una voz segura de sí misma, y cada vez más estamos tomando esa voz por el conocimiento mismo. La pregunta ya no es solo si la máquina miente. Es más profunda. ¿Qué y a quién deja que se escuche? ¿De quién considera creíble el testimonio? ¿Y a quién obvia? Un artículo reciente le pone nombre a este problema: la injusticia epistémica. Titulado Epistemic Injustice in Generative AI, y firmado por Jackie Kay, Atoosa Kasirzadeh y Shakir Mohamed (Google DeepMind, Google Research, University College London y la Universidad de Edimburgo), el artículo científico toma prestado un concepto de la filósofa Miranda Fricker: la injusticia de negarle a alguien credibilidad como fuente de conocimiento, de no tomarlo en serio por el simple hecho de quién es. Y después se pregunta dicho artículo qué ocurre cuando quien concede o niega esa credibilidad es un modelo de IA generativa consultado por millones de personas.

Los autores describen cuatro daños. El modelo hereda nuestros prejuicios sobre quién es creíble, y los amplifica a escala. Produce falsedades convincentes, y erosiona nuestra confianza en el testimonio ajeno. Entrenado en unas pocas lenguas dominantes, es incapaz de representar a todos los demás. Y sus beneficios llegan a unas comunidades, pero no a otras.

Una sola frase resume el peligro: si tratamos a estos modelos como enciclopedias, acabarán moldeando la estructura misma de nuestro conocimiento colectivo. Ya no hablamos de un chatbot que se equivoca de vez en cuando. Hablamos de la infraestructura a través de la cual las sociedades deciden qué es verdad. Y su efecto más corrosivo no es que creamos una mentira concreta, sino que perdamos la base común sobre la que cualquier afirmación puede ponerse a prueba.

La lectura estratégica es evidente, y prolonga algo que ya he defendido aquí sobre el sesgo intrínseco de estos modelos. Esto es una cuestión de poder. Unos pocos actores construyen los modelos. Esos modelos piensan sobre todo en inglés y en chino. El espacio epistémico se estrecha, y eso es un hecho geopolítico. La injusticia epistémica tiene un mapa, y se parece mucho al mapa del poder.

Es también aquí donde la batalla se traslada a la mente. Los estrategas geopolíticos la llaman guerra cognitiva: el objetivo no es tomar un territorio, sino moldear cómo piensa su población —su percepción, su razonamiento, su juicio—. La injusticia epistémica es lo que la hace posible. Cuando la herramienta que media nuestro conocimiento es sesgada, opaca y está en manos de unos pocos, la mente humana se convierte en el terreno, y cada ciudadano en un objetivo.

La respuesta no es ni el tecno-optimismo ni el tecno-pánico. Es el pensamiento crítico. Si la máquina responde con una sola voz, la carga vuelve a nosotros: preguntar en qué se sostiene una afirmación, qué punto de vista encierra, qué deja fuera. Una sociedad que delega su juicio en una interfaz segura de sí misma acabará gobernada por quien la haya construido. Dudar de la fluidez, sopesar las fuentes, consultar más de un oráculo: esto ha dejado de ser una virtud. Es una condición de libertad.

Dos conclusiones. Primera: el debate sobre la desinformación se queda corto si se detiene en el “verdadero o falso”. El cambio de fondo es que la IA arbitra ya qué cuenta como conocimiento, y lo hace de forma desigual. Segunda: el sesgo intrínseco, el dominio lingüístico y la concentración del poder de la IA no son tres problemas. Son uno solo, y decide qué realidad replican las máquinas.


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