De cerca, nadie es normal

El estrecho de Rashomon: la guerra cognitiva con IA generativa entre China y Taiwán

Posted: September 27th, 2026 | Author: | Filed under: Artificial Intelligence, Disinformation, Geopolitics | Tags: , , , , , | Comments Off on El estrecho de Rashomon: la guerra cognitiva con IA generativa entre China y Taiwán

El estrecho de Rashomon: la guerra cognitiva con IA generativa entre China y Taiwán

Empecemos por el dato que abre todos los titulares: en 2025 la Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán detectó 2,3 millones de piezas de desinformación procedentes de China, un 7 % más que el año anterior, y más de 45.000 cuentas falsas, un 61 % más. Vídeo generado en cadena. Voces clonadas a partir de grabaciones que ciudadanos taiwaneses cedieron, sin saberlo, respondiendo a falsas ofertas de empleo. Bienvenidos a la guerra cognitiva con inteligencia artificial generativa. Pasen y vean: industrial, barata y, sobre todo, personalizada.

Porque en este último adjetivo está la novedad de verdad. En agosto de 2025 se filtraron los documentos de GoLaxy, una empresa china que había construido algo llamado, ironías aparte, Sistema de Propaganda Inteligente. ¿En qué consiste este sistema? No dispara un mismo mensaje a millones de personas: lee el sentimiento de las redes sociales en tiempo real, clasifica a más de mil figuras taiwanesas en “duros”, “moderados” e “indecisos”, y sirve a cada grupo, a cada individuo, el bulo que mejor encaja con sus miedos. No es propaganda de altavoz. Es propaganda de francotirador.

Nada de esto salió de la nada. Quien siguiera el asunto recordará las presidenciales de enero de 2024: audios falsos fabricados con IA que acusaban al candidato del partido gobernante de haber sido informante, o un Terry Gou de pega respaldando a su rival por la nominación del KMT (Hou Yu-ih), asunto expuesto en el Microsoft Digital Defense Report. O los avatares sintéticos de la app Weta365, ligada a la red Spamouflage, difundiendo “la historia secreta de Tsai Ing-wen”, algo que documentó el Australian Strategic Policy Institute (ASPI). Dos años después, aquello parece el prototipo. Esto ya es la cadena de montaje.

¿Y qué piensa Pekín de todo esto? El 14 de enero de 2026, dos días después del informe taiwanés, la portavoz de la Oficina para Asuntos de Taiwán, Zhu Fenglian, no se anduvo con medias tintas: el informe “distorsiona los hechos y difama al continente”, y el que practica la guerra cognitiva —el “reincidente”, dijo— es en realidad el propio Partido Democrático Progresista taiwanés. ¿La desinformación? La del informe. ¿Los ejércitos de bots? Los de Taipéi, apuntando a la China continental. La Embajada china en Francia ya le había soltado lo mismo al Institut de recherche stratégique de l’École militaire (IRSEM), cuando éste destapó sus redes de influencia: “mentalidad de Guerra Fría”, “difamación”, y el gobierno chino “no necesita contratar a nadie”. Todos espontáneos, oigan.

Esto tiene nombre y es culto, como todos los que leen este post: el efecto Rashomon, por la película de Kurosawa en la que un mismo crimen se cuenta en cuatro versiones incompatibles y todas suenan sinceras. En el estrecho de Taiwán cada bando señala al otro como el gran manipulador. Y lo fascinante no es decidir quién miente, ésa precisamente es la trampa, sino que la propia disputa sobre quién desinforma se ha convertido en el campo de batalla. El ruido es el arma. Pura guerra cognitiva.

No obstante, ahora toca ponernos la gorra de analista: después de 2,3 millones de mentiras, voces clonadas y francotiradores algorítmicos, ¿cuánta gente cambió de opinión? La respuesta, incómoda para alarmistas y cínicos por igual, es: no lo sabemos y lo poco que sabemos apunta a menos de lo que parece. Las encuestas del DoubleThink Lab, taiwanés y nada sospechoso de blandura con Pekín, encuentran correlación, no causalidad: los bulos pro-chinos calan más entre quienes ya simpatizaban con la oposición, y resbalan sobre los demás. La máquina refuerza al convencido y rara vez convierte al escéptico. Enfrente, una sociedad civil taiwanesa que verifica, desmiente y se ríe (¡qué gran noticia, el humor como cortafuegos!) con una eficacia que sonroja a media Europa.

Aquí está la luz, si es que aportan alguna estas líneas: la capacidad de producir desinformación con IA generativa es real, está probada y crece a dos cifras al año. Su efecto sobre lo que la gente cree y hace es, de momento, la gran incógnita. Fuerte aguas arriba, débil aguas abajo. Confundir lo primero con lo segundo, dar por hecho que fabricar mentiras equivale a ganar mentes, es el error que separa el análisis del pánico. Taiwán es hoy nuestro mejor banco de pruebas.

Que China (y otros muchos) desinforma con IA generativa, poca duda cabe de ello. Que eso baste para doblegar a una democracia practicada por un pueblo con pensamiento crítico, que conoce muy bien a su vecino: ninguna prueba. Entre esos dos términos, desinformación mediante IA generativa y pensamiento crítico, se juega buena parte de la geopolítica de este siglo.


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